METACOMUNICACIÓN

Desde la Pragmática de la Comunicación Humana se ha venido planteando que la "metacomunicación" permite obtener información acerca de la relación, refiere a la posibilidad de definir con claridad, entre dos o más personas, el tipo o modo de mensajes que están intercambiando.

La “metacomunicación” sería la explicación que nos damos y que solicitamos al otro, acerca de nuestras conductas -y las de nuestro interlocutor- y sus efectos en la relación mientras estamos interactuando. Se trata, en definitiva, de una comunicación acerca de una comunicación.

A mi entender, en todo mensaje hay un aspecto “metacomunicativo“ 'implícito' que 'define', por así decirlo, la índole de la relación que se está estableciendo; de esta manera, se puede plantear que una cosa es lo que decimos y otra cosa es "cómo" decimos lo que decimos, ya que lo “metacomunicativo“ 'implícito' de cualquier mensaje es "cómo" lo decimos. Así, la forma o modo de decir lo que decimos respecto a un mensaje (ya sea, con firmeza o en forma de ruego; enojados o alegres; con órdenes o con pedidos; a gritos o amablemente; etc.), "metacomunica" acerca de la relación y marca las pautas o reglas de la interacción.

También, nuestros gestos, posturas corporales y aquellos aspectos no-verbales que no podemos controlar -como ruborizarnos, por ejemplo-, muestran este aspecto “metacomunicativo“ al que estoy llamando 'implícito' -porque en la mayoría de las veces no tenemos conciencia, no nos damos cuenta, que estamos "metacomunicando"-. Aspecto que, muchas veces, entra en contradicción con el mensaje verbal que lo acompaña (como, por ejemplo, cuando decimos una mentira y nos sonrojamos); en este caso, es muy probable que nuestro interlocutor dé cabida a lo que ve y no a lo que escucha y así, quede al descubierto la mentira.

Por otro lado, hay un aspecto “metacomunicativo“ 'explícito' que tiene que ver con la necesidad de pedir aclaración respecto a mensajes que nos confunden, en tanto nos damos cuenta que son contradictorios, o cuando hacemos un 'alto' en lo que venimos diciendo para hablar de la relación que estamos estableciendo con el otro. De esta manera, cuando expresamos, por ejemplo, “¿por qué me gritás?”, nuestro interlocutor puede contestarnos: “Era una broma” o “Disculpame”; en ambos casos estamos “metacomunicando“, es decir, estamos hablando de la relación; estamos pidiendo información acerca de quién está siendo el otro para mí y acerca de quién estoy siendo yo para el otro; estamos, en definitiva, pidiendo información acerca de cómo nos estamos proponiendo en la interacción.

En mi opinión, este aspecto conciente de la “metacomunicación” -al que estoy llamando 'explícito' porque lo refiero a cuando nos damos cuenta de que algo no está ‘funcionando’ en una relación con alguien, y de alguna manera 'sabemos' que por ejemplo, tendríamos que hablar de lo que nos está pasando-, es una herramienta valiosa que nos permite definir con claridad, entre dos o más personas, el tipo o modo de mensajes que se están intercambiando y, también, conocer las reglas que regulan un intercambio particular de mensajes.

Muchas veces creemos que la "metacomunicación" tiene que ver con 'reclamar' o 'quejarnos' de lo que creemos que el otro dice y piensa de nosotros, sin embargo, con esta actitud no se logra nada; por el contrario, suele provocar que nuestro interlocutor nos replique y se ponga "a la defensiva", acaso porque se sienta atacado. Opino que lo que aquí estamos omitiendo es nuestra participación en lo que nos sucede en la relación, es probable que sólo miremos las conductas del otro y cómo nos afectan, descuidando por completo el contemplar cómo nuestras conductas también afectan y, acaso, estén contribuyendo a generar el malestar.

Se me ocurre que la "metacomunicación" puede ser usada como un recurso para obtener la información que necesitamos -provista por aquél a quien se la solicitamos- para comprender cómo estamos actuando con esa persona, qué le proponemos con nuestras conductas, qué efectos generamos en ella con lo que le proponemos y, a través de esta comprensión, decidir si queremos modificar la índole de nuestra relación.

Cuando estamos “metacomunicando“, es muy distinto puntuar desde uno que hacerlo desde lo que observamos en la conducta del otro. Quiero decir, que cuando reconocemos que nuestras conductas causan efectos, es más fácil, a los fines de obtener información sobre nuestra conducta y la del otro, preguntar: “¿qué dije o hice que reaccionás de esta manera?” o “¿me podrías ayudar a ver qué es lo que yo hago o digo para que vos reacciones de esta manera?”, en vez de recriminar que no nos gusta cómo reacciona el otro y pretender que él/ella cambie de actitud.

De esta manera, la "metacomunicación" nos permite colocarnos 'fuera' del marco de la interacción -como "contexto"-, para reflexionar y 'vernos' en la relación.

Así, la "metacomunicación" se convierte en un medio al que podemos recurrir cada vez que necesitamos 'chequear' cómo nos está 'yendo' en el encuentro con alguien, proponiéndole al otro la posibilidad de que reflexionemos juntos acerca de nuestra relación.


Fuente: Alicia Asfora - Ich - www.ich.com

Bibliografía consultada:
Paul Watzlawick; Janet Helmick Beavin; Don D. Jackson; “Teoría de la Comunicación Humana”. Editorial Herder, Barcelona, España, 1983